Este reptil rastrero de cuerpo grueso puede sobrepasar los 1,50 metros de longitud. La yarará es una serpiente venenosa con carácter agresivo y preciso cuando de atrapar una presa se trata. Es endémica de Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina; es por ello que se le conoce bajo otros nombres como: víbora de la cruz, crucera, boicoatiara, urutu, entre otros.
Su alimentación básica incluye especies de roedores a los que ataca con su veneno mortal afectando su sangre y tejidos. En caso de atacar a un humano accidentalmente puede ser mortal sino es atendido a tiempo.
Reproducción de la Yarará
El proceso reproductivo de la Yarará inicia cuando la hembra libera una feromona que atrae al macho hasta ella. Permitiendo que ambos se apareen, el macho copula con su aparato reproductor en el interior de la hembra.

La yarará es ovovivípara, es decir, su reproducción se da por medio de huevos. A través de esta fecundación interna con una sola entrada del macho, la hembra es capaz de almacenar material copular en su interior. Permitiendo que en ocasiones futuras lo use para producir crías sin necesidad de un macho.
Estas especies tienen una particularidad y es que ambos géneros poseen dos aparatos reproductores. La hembra se puede aparear con dos machos simultáneamente, como también el macho puede hacer lo mismo. Al igual que otras especies, tienen un tiempo determinado de apareamiento, y se da a mediados de primavera.
Incubación
Esta serpiente mantiene sus huevos en el interior hasta que llega el momento de nacer. Los huevos pueden eclosionar al momento de expulsarlos o pueden hacerlo unos días después. El crecimiento de estos huevos hasta su expulsión puede durar entre 2 a 5 meses.
Normalmente estas víboras se mantienen cerca de sus huevos sino eclosionan de manera inmediata. Pero una vez nacidas las crías son independientes de ellas. La yarará es capaz de tener entre 10 y 18 crías en un mismo proceso reproductivo.
Estos animales forman parte de la cadena alimenticia, y si son necesarios, pero para mantener su especie y sana reproducción es preciso dejarlos en su hábitat natural. Y evitar molestarlos, ya que son altamente peligrosos.
